Reflexiones del doctor Marcos Berstein
"El chico conflictivo es un portavoz de la problemática de la pareja o de la familia"
Las familias disfuncionales se han convertido en hacedoras de jóvenes que reflejan sus problemas en una sociedad en la que día a día crecen los casos de violencia y drogadicción.
"El elegido" lo llama el doctor Marcos Berstein a los chicos que a través de sus acciones tratan de "pegar" los pedazos rotos de su familia y terminan convirtiéndose en jóvenes portavoces que denuncian con síntomas o conductas lo que les toca vivir. Así explica el doctor que se desempeña como asesor de las Naciones Unidas para la Organización Mundial de la Salud en las áreas de terapia familiar y psicología social, el nuevo panorama de las familias actuales argentinas. Antes de brindar la segunda charla del ciclo "Nuevas infancias, nuevas adolescencias", organizado por el Instituto Idra conjuntamente con Fundación OSDE y auspiciado por LA CAPITAL, Berstein habló sobre la realidad familiar actual.-
¿Qué es una familia disfuncional?-
Lo primero y más básico que debo decir al respecto es que las familias disfuncionales son las que funcionan mal. ¿En qué y por qué funcionan mal? Hay un eje que yo considero base, que es el de la alianza marital. Es decir, en las familias donde falla esa alianza que significa que dos personas se han juntado para hacer una alianza en pro de algo, se están comprometiendo a estar juntos, respetarse, amarse, trabajar juntos para que esa familia crezca. Que tengan hijos, que puedan adquirir bienestar económico, que puedan conocerse mutuamente, etc.Pero cuando todo eso no se da, cuando no hay respeto, comunicación, cuando no se conocen, no hay diálogo, esas familias empiezan a funcionar mal y cuando la alianza marital se rompe, habitualmente aparece algún depositario de esa falla. Y ese es algún hijo al cual llamamos el elegido.- ¿Qué contradictorio eso?, porque por lo general ser el elegido es algo bueno y en este caso no sería así...- En este caso no porque estamos frente a un problema grave. El elegido en este caso no es así porque es un hijo querido o deseado, sino que es el elegido para ser el depositario de la problemática de la pareja. Entonces resulta ser lo que yo llamo el hijo poxipol. Es el que funciona como pegamento e intenta pegar los pedazos rotos de la pareja, pero lamentablemente falla porque no es para eso y en ese intento se convierte en un chivo expiatorio.
¿De qué manera ese hijo intenta pegar esos pedazos rotos de la pareja?
Llamando la atención para que dejen de pelearse entre ellos y se dediquen a atenderlo a él. Entonces hace algún síntoma.- Ahí es cuando aparece el chico conflictivo en la escuela o que tiene alguna reacción violenta...- O que consume drogas, o que hace un brote psicótico, o que tiene conductas alborotadoras para llamar la atención, o que se aisla del mundo como una forma de evitar estímulos que le hacen daño. Pero de cualquier forma se transforma él en un portavoz de la familia que con su síntoma o conducta desviada denuncia la problemática de la pareja o de la familia.
Los casos- ¿Es una sensación o hay mayor cantidad de casos de este tipo en la sociedad argentina?-
Es cierto, y no es una sensación como alguna vez se dijo con respecto a la inseguridad, yo creo que es una realidad. Creo que lamentablemente cada vez más aparecen chicos con problemas y hay más casos de drogadicción y empiezan más jóvenes.En alguna época los problemas de droga eran de la gente grande, hoy día es de chicos desde 10 años que ya empiezan con alcohol, siguen con marihuana, cocaína y otras cosas.
- ¿Esto se ha convertido en una problemática de difícil solución?-
Yo siempre tengo confianza en la posibilidad de cambio y que la gente puede hacerlo. Para eso tendríamos que desarrollar tareas de prevención y de asistencia para aquellos que ya están con el problema.- Y las políticas que se están implementando hoy para abordar el tema, ¿cómo las ve?- Si hablamos de políticas de prevención en cuanto a la droga, por ejemplo en Provincia de Buenos Aires se está trabajando muchísimo. Yo trabajo como asesor y supervisor en la Subsecretaría de Atención de las Adicciones y la tarea que se hace ahí es muy importante. Hay Centros de Prevención de las Adicciones que están distribuidos por toda la provincia y llegan a mucha cantidad de chicos con problemas y además se hacen tareas de prevención en las escuelas y organismos gubernamentales. Esta es una tarea en marcha que siempre es mejorable.- ¿También habría que pensar en mejorar las raíces de este problema, que es la familia?- Las raíces de este problema nos llevan a dos problemas, porque el drogadicto es portavoz emergente de una situación de conflicto familiar y social, o sea que si no abordamos los orígenes desde ambas perspectivas no vamos a poder resolver esta problemática.
Para los jóvenes adolescentes de hoy, hay problemas muy graves de todo tipo. Como ejemplo puedo decir que los adolescentes hoy no tienen muchas ilusiones porque se enfrentan a un panorama para su futuro de inseguridad, de incertidumbre con respecto y en especial, a la inserción laboral. Aún con formación profesional a muchos profesionales los vemos trabajando de mozos, secretarias o lo que puedan conseguir. Hay una frustración muy grande y también ha habido una pérdida de lo que han sido las ideologías, los ideales.
El joven adolescente de hoy se ha visto muy frustrado.- Y busca nuevos espacios como internet para expresarse...- Y eso los lleva a robotizarse y a hacerse adictos. La nueva generación de adictos son los electrónicos, que es más grave que las drogas. - Es que parece que no es malo, pero en el fondo...- Ahí está, parece que no es malo pero en el fondo es tanto o más malo. Estos chicos se pasan horas y días hasta sin dormir sentados frente a la computadora, navegando. Internet, que por un lado es algo extraordinario, un avance tecnológico inconmensurable, permite que uno tenga información que antes era imposible tener en esas magnitudes. Pero por otro lado los robotiza y los hace adictos a esa verdadera burbuja electrónica que antes era la televisión y que ahora es la computadora con internet. Y los chicos quedan esclavos de esto. Hay algunos que dejan de estudiar porque si se quedan toda la noche chateando, al día siguiente no pueden hacer nada.- Hasta incluso se ha convertido en una especie de psicólogo porque los chicos cuentan allí sus vidas...- Sí, y con todos los peligros que trae esto porque nunca se sabe quién está del otro lado. Muchas veces se hacen contactos y no se sabe quién está del otro lado. Se ha ido reemplazando el contacto personal con la comunicación virtual, que no es lo mismo.
Los padres- Y los padres, ¿qué papel juegan en todo esto?-
Muchas veces los padres nos encontramos desorientados frente a nuestros hijos adolescentes. No sabemos cómo manejarlos, nos dan miedo. Justamente porque sabíamos más o menos cómo manejar a nuestros hijos cuando eran pequeños, pero el cambio de la adolescencia es tan grande, y hoy día más que antes, que no sabemos qué hacer con ellos. Tenemos miedo de ponerles límites y que no nos quieran. De decirles que no, que es una palabra tan corta y fácil de decir, pero a su vez tan difícil de sostener, que creemos que nuestros hijos se criarán en libertad pero no es así, se crían en el vacío de autoridad paterna.Porque la palabra autoridad a veces se confunde con autoritarismo. La palabra autoridad etimológicamente proviene del verbo augeo que en latín quiere decir hacer crecer.La importancia del no es mucha.
En la historia de la humanidad ya desde los 10 mandamientos, y estamos hablando de 4.000 años para atrás, aparece el no como constitutivo de la ley. Porque por algo los 10 mandamientos son la tabla de la ley. Y si los contamos, de los 10 sólo 2 son con sí. Por eso Moisés cuando sube al Monte Sinaí y baja con las tablas de la Ley se las ofrece al pueblo, pero ve que han construido el becerro de oro y están en la orgía, el alcohol y habían perdido todo control, no había ley. Entonces se enoja, sube al Monte y las rompe. Pero después se arrepiente y cuando baja, esta vez el pueblo acepta las tablas. A partir de ahí el pueblo se transforma de pueblo nómade que va por el desierto, en Nación porque tiene una ley. Con esto quiero resaltar la importancia del no y de la ley.
Nuestra juventud se cría en una sociedad anómica, falta de normas y reglas. Y también falta de pertenencia a grupos humanos. Y los chicos hoy buscan pertenencia. De ahí que surge el fenómeno de las tribus urbanas: los emos, floggers, punk, skinhead, etc. Y cada vez surgen más porque hay una necesidad de pertenencia en la juventud que parecería que no la tienen en su familia. Y justamente el secreto de la salud en cuanto al proceso del adolescente para lograr una identidad, es el proceso de separación, individuación e independización. Para lograr esto es fundamental que se de este proceso con pertenencia. Es decir, que el sujeto va lograr hacer una buena separación e individuación en la medida que haya una buena pertenencia a su grupo familiar.
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martes, 7 de octubre de 2008
De la Tribu a la comunidad: jóvenes en banda
De la tribu a la comunidad: jóvenes en banda
¿Cómo aparecen las denominadas tribus urbanas, y qué estamos diciendo cuando las definimos como tales? ¿A qué se deben los enfrentamientos entre distintos grupos de adolescentes? Los especialistas analizan este fenómeno del que tanto se habla en los medios para tratar de comprender a los chicos de hoy
Parece como si hubieran surgido de la nada. De un día para el otro desfilan en los medios chicos de flequillos sobre los ojos, o gorras con visera y equipos deportivos, o zapatillas de lona y jeans rotos. Sin embargo, las denominadas “tribus urbanas” no son una novedad, sino parte de nuestra y muchas otras sociedades desde hace tiempo. Pasear un viernes a la tardecita por calle 8 puede ser un gran ejercicio para quien quiera entrenarse en esta materia. Los jóvenes de la ciudad se autoconvocan en el centro comercial y, como si alguien los clasificara, se agrupan de acuerdo a su vestimenta, acciones y gustos. La adolescencia suele señalarse como una etapa en la que el individuo se define fundamentalmente desde la pertenencia a ciertos sectores, y por lo tanto desde las diferencias con los otros. La Plata no es la única ciudad donde se puede observar cómo los diferentes grupos de jóvenes que se reúnen bajo determinadas pautas, consumos y producciones culturales, como en aquella publicidad de un conocido chocolate: los cumbieros y los chetos, los ahora ultrapopulares floggers y los emos, los darks, los alternativos, los rollingas, los rugbiers... Las peleas de estos grupos en el shopping del Abasto volvieron a darles visibilidad en los medios a estas comunidades y hacen pensar que la convivencia entre ellas es cada vez más frágil. ¿Qué pasa cuando estas “tribus” ya no quieren compartir espacios? ¿De qué nos hablan estos enfrentamientos, qué indican a nivel social? De acuerdo con el diccionario, las tribus urbanas son grupos de jóvenes con indumentaria y aficiones comunes que habitan en las ciudades. Algunos especialistas indican que el hecho de integrar una de estas tribus supone una búsqueda de identidad “dentro de una sociedad demasiado homogénea”. Otros, como la doctora en antropología Mariana Chávez, ponen en cuestión el concepto mismo de tribu urbana. “Es un término bastante peyorativo, porque no es neutro, sino que negativiza a los grupos juveniles y los asocia con algo primitivo y cerrado”, explica la investigadora.
La adolescencia siempre se consideró una etapa difícil de atravesar, de búsqueda, de rebeldía, y un momento fundamental en la constitución de la identidad. Desde la perspectiva del psicólogo Enrique Fidalgo, “lo que se ve actualmente es una apropiación de identidades artificiales, que están relacionadas con procesos de búsqueda después de ciertos fracasos identificatorios”.
Los espacios donde antes los chicos encontraban modelos de conducta y forjaban su personalidad están en crisis, el colegio secundario de hoy aburre al adolescente, y la familia tampoco logra contenerlo. “Entonces, esas instituciones quedan como espectadoras, pero lo peor que se puede hacer es escandalizarse, descalificar la elección del chico, porque así se siente obligado a tomar una posición”, indica Fidalgo. Posiciones que a veces se hacen difíciles de comprender para los adultos.
“¿Qué es un flogger?”, preguntan los conductores de un programa matinal ávidos de una explicación sustanciosa “Una persona que tiene un fotolog, una página de internet donde sube fotos”, responde, como si fuese una obviedad, una de las referentes de ese grupo con el pelo correspondientemente batido hacia un costado y jugueteando con el arito de su lengua. ¿Que más iba a ser?, parece preguntarse la espontánea líder. “Ellos naturalizan una situación sobre la que no se hacen muchos interrogantes, sólo se apropian de algo que los identifica”, describe Fidalgo. Sin embargo, lo preocupante del tema no es la identificación, sino las diferencias o las dificultades para aceptar aquello que es distinto. Chávez propone trascender las interpretaciones mediáticas y observar estas subculturas juveniles no sólo desde sus consumos, sino desde sus producciones. “Los jóvenes realizan articulaciones de sentido en torno a todo lo que tienen disponible, y hoy las nuevas tecnologías ayudan a difundir estas producciones a una velocidad y masividad nunca antes vistas”, señala la antropóloga. Los especialistas consideran que a la hora de intentar comprender a los jóvenes desde la sociedad, muchas veces no se hace el ejercicio de dejar atrás los prejuicios o intentar ver más allá de la violencia o las actitudes contestatarias, por eso los adolescentes terminan siendo de alguna manera chivos expiatorios de un montón de procesos de cambio. “Debemos reconocer en el otro un sujeto con capacidad de hacer. Muchas veces, las actitudes de los jóvenes están hablando de otras disputas que se dan a nivel social”, explica Chávez. Las peleas entre grupos de jóvenes por la ocupación de un espacio público pueden estar indicando, entonces, algo más que sólo diferencias estéticas. “Pueden tener fuertes elementos de clase”, dicen los profesionales. Sin terminar en análisis lineales, los investigadores de distintas ramas subrayan que se debería analizar cuáles son las cuestiones de clase que entran en juego en esas disputas, donde muchas veces se utilizan, por ejemplo, términos raciales para definir al otro. Según Fidalgo “hay un fracaso de la cultura democrática, de la tolerancia, y fundamentalmente de la palabra. En esas peleas entre floggers y cumbieros o cualquier otro grupo hay inclusive hasta situaciones de discriminación e intolerancia y eso marca una herencia autoritaria”. Chávez agrega que los jóvenes exteriorizan modos simbólicos de resolver los conflictos: “No es casual que ahora aparezcan los emos y que digan que la sociedad les duele, dan cuenta de un contexto social”.
¿Desde dónde abordar, entonces, un fenómeno tan complejo pero que a la vez puede mostrarse tan banal?
Fundamentalmente desde un esfuerzo para comprender al otro, desde un análisis de sus consumos, pero también desde sus prácticas, producciones y acciones, sin subestimarlas.
Mamá, soy flogger Facundo Saintpierre tiene un fotolog, pero no “cuelga” sus fotos sino sus dibujos. Facundo hace historietas, ilustra y escribe los guiones. “Empecé hace uno o dos meses cuando recién estaban apareciendo los floggers”, cuenta el adolescente de 16 años. En realidad hacía ya un tiempo que dibujaba “sobre cosas que me pasaban”, pero desde que inició su cuenta en fotolog.com, sus viñetas tienen como protagonistas a los integrantes de esta nueva tribu urbana. A estos nuevos personajes de la web también hace alusión el nombre de la página “mamasoyflogger”. “Al principio, solamente entraban mis amigos, pero se fue difundiendo de boca en boca (o de flog en flog), hasta que llegó a la cantidad de visitas que tengo ahora”, dice Facundo. Mamasoyflogger cuenta con alrededor de 500 visitas diarias. Lo particular de este sitio es que lo visitan y lo firman chicos que se identifican con esta tribu urbana, como aquellos que no tienen tanta tolerancia. Ante una de las parodias sobre estos nuevos personajes urbanos pueden leerse comentarios como “zarpado esa historieta... muy buenaa. Muerte a los Floggers...“, seguidos de otros que no les cae tan bien el chiste: “No tengo nada pero NADA en contra. pero nos tratan como idiotas sin conocernos :S. y no es así, puede ser que haya alguno que otro ; pero no son todos iguales. aunqe no paresca por afuera no somos todos iguales y me parece una falta dde respeto hacia nosotros :S“ (sic). Fernando es conciliador: “Los chistes están hechos para los floggers pero también para quienes los critican y por eso les gusta a todos”. Y sus ideas les gustaron tanto que desde la misma comunidad de usuarios de fotolog abonan la cuota mensual para que Facundo sea un “gold member”. Los usuarios “gold” son aquellos que pueden tener más de 20 comentarios o firmas en sus páginas. Mamasoyflogger tiene alrededor de 15 mil al mes. Ante semejante convocatoria, la pregunta que surge es cómo se le ocurrió empezar con este sitio. “Lo hice para poder dedicarme a esto, para hacerme conocido”, responde con naturalidad el adolescente. Por ahora, al menos en el mundo virtual, no le va nada mal. Una mirada desde el humor No se puede negar que Diego Capusotto, el humorista que se consolidó como conductor de Todo por dos pesos, es un gran observador. Desde el humor supo rescatar gran parte de las culturas juveniles para parodiarlas en su programa Peter Capusotto y sus videos, que se emite por el canal estatal. Este artista logró trasladar ese humor bizarro y ácido que había mostrado en producciones anteriores al ámbito de la música, sobre todo del rock, y hoy sus videos lideran las listas de los más buscados en internet. Algunos de sus personajes más populares son integrantes de las denominadas “tribus urbanas”. En el sketch, “la vida de un emo”, por ejemplo, el protagonista es un joven que vive triste y acosado por las dudas que se le presentan en la vida (aceitunas: ¿negras o verdes?). Ante semejante angustia existencial el joven decide mantenerse en red y contar sus experiencias a través de la web. ¿Qué es un flog? Un flog es una página personal que, desde servidores gratuitos como Fotolog.com, con 20 millones de visitas al mes en todo el mundo, permite subir a la web una foto por día y esperar las opiniones (firmas) de otros floggers. El sitio fue creado en 2002 por Scott Heiferman, Adam Seifer y Spike, aunque en nuestro país empezó a tener notoriedad a partir del 2006. Sólo en Argentina hay 2.084.000 flogs. La tribu de mi calle El neologismo de tribu urbana fue utilizado por primera vez en 1990 por Michel Maffesoli en un libro llamado El tiempo de las tribus. Actualmente, desde las ciencias sociales el término se encuentra bajo revisión, ya que no es representativo de las prácticas culturales, producciones y opciones de consumo de los adolescentes. Las subculturas juveniles más populares en Buenos Aires y en nuestra ciudad son los rollingas, los floggers, los cumbieros y los emos. Los floggers son una tribu recién nacida y en pleno auge. Se destacan por una estética particular (pantalones chupines, y flequillo peinado al costado y sobre la cara) y por exhibir sus fotos en internet a través de los fotologs. Los rollingas, en principio, eran los fanáticos de los Rollings Stone, pero en Argentina el fenómeno se masificó y en la actualidad engloba a muchos jóvenes que escuchan el denominado “rock chabón”, y que también se identifican por un estilo particular: flequillo recto, zapatillas de lona, chalina y remera de su banda favorita. Los cumbieros, por supuesto, son aquellos fanáticos de la cumbia. Se visten con el último modelo de zapatillas y ropa deportiva y usan generalmente gorras con visera. Los emos se definen por su estado de ánimo: están tristes, y la sociedad les da vergüenza . Se visten y se maquillan de negro, usan peinados extravagantes que también les cubren parte de la cara.
http://www.diariohoy.net
¿Cómo aparecen las denominadas tribus urbanas, y qué estamos diciendo cuando las definimos como tales? ¿A qué se deben los enfrentamientos entre distintos grupos de adolescentes? Los especialistas analizan este fenómeno del que tanto se habla en los medios para tratar de comprender a los chicos de hoy
Parece como si hubieran surgido de la nada. De un día para el otro desfilan en los medios chicos de flequillos sobre los ojos, o gorras con visera y equipos deportivos, o zapatillas de lona y jeans rotos. Sin embargo, las denominadas “tribus urbanas” no son una novedad, sino parte de nuestra y muchas otras sociedades desde hace tiempo. Pasear un viernes a la tardecita por calle 8 puede ser un gran ejercicio para quien quiera entrenarse en esta materia. Los jóvenes de la ciudad se autoconvocan en el centro comercial y, como si alguien los clasificara, se agrupan de acuerdo a su vestimenta, acciones y gustos. La adolescencia suele señalarse como una etapa en la que el individuo se define fundamentalmente desde la pertenencia a ciertos sectores, y por lo tanto desde las diferencias con los otros. La Plata no es la única ciudad donde se puede observar cómo los diferentes grupos de jóvenes que se reúnen bajo determinadas pautas, consumos y producciones culturales, como en aquella publicidad de un conocido chocolate: los cumbieros y los chetos, los ahora ultrapopulares floggers y los emos, los darks, los alternativos, los rollingas, los rugbiers... Las peleas de estos grupos en el shopping del Abasto volvieron a darles visibilidad en los medios a estas comunidades y hacen pensar que la convivencia entre ellas es cada vez más frágil. ¿Qué pasa cuando estas “tribus” ya no quieren compartir espacios? ¿De qué nos hablan estos enfrentamientos, qué indican a nivel social? De acuerdo con el diccionario, las tribus urbanas son grupos de jóvenes con indumentaria y aficiones comunes que habitan en las ciudades. Algunos especialistas indican que el hecho de integrar una de estas tribus supone una búsqueda de identidad “dentro de una sociedad demasiado homogénea”. Otros, como la doctora en antropología Mariana Chávez, ponen en cuestión el concepto mismo de tribu urbana. “Es un término bastante peyorativo, porque no es neutro, sino que negativiza a los grupos juveniles y los asocia con algo primitivo y cerrado”, explica la investigadora.
La adolescencia siempre se consideró una etapa difícil de atravesar, de búsqueda, de rebeldía, y un momento fundamental en la constitución de la identidad. Desde la perspectiva del psicólogo Enrique Fidalgo, “lo que se ve actualmente es una apropiación de identidades artificiales, que están relacionadas con procesos de búsqueda después de ciertos fracasos identificatorios”.
Los espacios donde antes los chicos encontraban modelos de conducta y forjaban su personalidad están en crisis, el colegio secundario de hoy aburre al adolescente, y la familia tampoco logra contenerlo. “Entonces, esas instituciones quedan como espectadoras, pero lo peor que se puede hacer es escandalizarse, descalificar la elección del chico, porque así se siente obligado a tomar una posición”, indica Fidalgo. Posiciones que a veces se hacen difíciles de comprender para los adultos.
“¿Qué es un flogger?”, preguntan los conductores de un programa matinal ávidos de una explicación sustanciosa “Una persona que tiene un fotolog, una página de internet donde sube fotos”, responde, como si fuese una obviedad, una de las referentes de ese grupo con el pelo correspondientemente batido hacia un costado y jugueteando con el arito de su lengua. ¿Que más iba a ser?, parece preguntarse la espontánea líder. “Ellos naturalizan una situación sobre la que no se hacen muchos interrogantes, sólo se apropian de algo que los identifica”, describe Fidalgo. Sin embargo, lo preocupante del tema no es la identificación, sino las diferencias o las dificultades para aceptar aquello que es distinto. Chávez propone trascender las interpretaciones mediáticas y observar estas subculturas juveniles no sólo desde sus consumos, sino desde sus producciones. “Los jóvenes realizan articulaciones de sentido en torno a todo lo que tienen disponible, y hoy las nuevas tecnologías ayudan a difundir estas producciones a una velocidad y masividad nunca antes vistas”, señala la antropóloga. Los especialistas consideran que a la hora de intentar comprender a los jóvenes desde la sociedad, muchas veces no se hace el ejercicio de dejar atrás los prejuicios o intentar ver más allá de la violencia o las actitudes contestatarias, por eso los adolescentes terminan siendo de alguna manera chivos expiatorios de un montón de procesos de cambio. “Debemos reconocer en el otro un sujeto con capacidad de hacer. Muchas veces, las actitudes de los jóvenes están hablando de otras disputas que se dan a nivel social”, explica Chávez. Las peleas entre grupos de jóvenes por la ocupación de un espacio público pueden estar indicando, entonces, algo más que sólo diferencias estéticas. “Pueden tener fuertes elementos de clase”, dicen los profesionales. Sin terminar en análisis lineales, los investigadores de distintas ramas subrayan que se debería analizar cuáles son las cuestiones de clase que entran en juego en esas disputas, donde muchas veces se utilizan, por ejemplo, términos raciales para definir al otro. Según Fidalgo “hay un fracaso de la cultura democrática, de la tolerancia, y fundamentalmente de la palabra. En esas peleas entre floggers y cumbieros o cualquier otro grupo hay inclusive hasta situaciones de discriminación e intolerancia y eso marca una herencia autoritaria”. Chávez agrega que los jóvenes exteriorizan modos simbólicos de resolver los conflictos: “No es casual que ahora aparezcan los emos y que digan que la sociedad les duele, dan cuenta de un contexto social”.
¿Desde dónde abordar, entonces, un fenómeno tan complejo pero que a la vez puede mostrarse tan banal?
Fundamentalmente desde un esfuerzo para comprender al otro, desde un análisis de sus consumos, pero también desde sus prácticas, producciones y acciones, sin subestimarlas.
Mamá, soy flogger Facundo Saintpierre tiene un fotolog, pero no “cuelga” sus fotos sino sus dibujos. Facundo hace historietas, ilustra y escribe los guiones. “Empecé hace uno o dos meses cuando recién estaban apareciendo los floggers”, cuenta el adolescente de 16 años. En realidad hacía ya un tiempo que dibujaba “sobre cosas que me pasaban”, pero desde que inició su cuenta en fotolog.com, sus viñetas tienen como protagonistas a los integrantes de esta nueva tribu urbana. A estos nuevos personajes de la web también hace alusión el nombre de la página “mamasoyflogger”. “Al principio, solamente entraban mis amigos, pero se fue difundiendo de boca en boca (o de flog en flog), hasta que llegó a la cantidad de visitas que tengo ahora”, dice Facundo. Mamasoyflogger cuenta con alrededor de 500 visitas diarias. Lo particular de este sitio es que lo visitan y lo firman chicos que se identifican con esta tribu urbana, como aquellos que no tienen tanta tolerancia. Ante una de las parodias sobre estos nuevos personajes urbanos pueden leerse comentarios como “zarpado esa historieta... muy buenaa. Muerte a los Floggers...“, seguidos de otros que no les cae tan bien el chiste: “No tengo nada pero NADA en contra. pero nos tratan como idiotas sin conocernos :S. y no es así, puede ser que haya alguno que otro ; pero no son todos iguales. aunqe no paresca por afuera no somos todos iguales y me parece una falta dde respeto hacia nosotros :S“ (sic). Fernando es conciliador: “Los chistes están hechos para los floggers pero también para quienes los critican y por eso les gusta a todos”. Y sus ideas les gustaron tanto que desde la misma comunidad de usuarios de fotolog abonan la cuota mensual para que Facundo sea un “gold member”. Los usuarios “gold” son aquellos que pueden tener más de 20 comentarios o firmas en sus páginas. Mamasoyflogger tiene alrededor de 15 mil al mes. Ante semejante convocatoria, la pregunta que surge es cómo se le ocurrió empezar con este sitio. “Lo hice para poder dedicarme a esto, para hacerme conocido”, responde con naturalidad el adolescente. Por ahora, al menos en el mundo virtual, no le va nada mal. Una mirada desde el humor No se puede negar que Diego Capusotto, el humorista que se consolidó como conductor de Todo por dos pesos, es un gran observador. Desde el humor supo rescatar gran parte de las culturas juveniles para parodiarlas en su programa Peter Capusotto y sus videos, que se emite por el canal estatal. Este artista logró trasladar ese humor bizarro y ácido que había mostrado en producciones anteriores al ámbito de la música, sobre todo del rock, y hoy sus videos lideran las listas de los más buscados en internet. Algunos de sus personajes más populares son integrantes de las denominadas “tribus urbanas”. En el sketch, “la vida de un emo”, por ejemplo, el protagonista es un joven que vive triste y acosado por las dudas que se le presentan en la vida (aceitunas: ¿negras o verdes?). Ante semejante angustia existencial el joven decide mantenerse en red y contar sus experiencias a través de la web. ¿Qué es un flog? Un flog es una página personal que, desde servidores gratuitos como Fotolog.com, con 20 millones de visitas al mes en todo el mundo, permite subir a la web una foto por día y esperar las opiniones (firmas) de otros floggers. El sitio fue creado en 2002 por Scott Heiferman, Adam Seifer y Spike, aunque en nuestro país empezó a tener notoriedad a partir del 2006. Sólo en Argentina hay 2.084.000 flogs. La tribu de mi calle El neologismo de tribu urbana fue utilizado por primera vez en 1990 por Michel Maffesoli en un libro llamado El tiempo de las tribus. Actualmente, desde las ciencias sociales el término se encuentra bajo revisión, ya que no es representativo de las prácticas culturales, producciones y opciones de consumo de los adolescentes. Las subculturas juveniles más populares en Buenos Aires y en nuestra ciudad son los rollingas, los floggers, los cumbieros y los emos. Los floggers son una tribu recién nacida y en pleno auge. Se destacan por una estética particular (pantalones chupines, y flequillo peinado al costado y sobre la cara) y por exhibir sus fotos en internet a través de los fotologs. Los rollingas, en principio, eran los fanáticos de los Rollings Stone, pero en Argentina el fenómeno se masificó y en la actualidad engloba a muchos jóvenes que escuchan el denominado “rock chabón”, y que también se identifican por un estilo particular: flequillo recto, zapatillas de lona, chalina y remera de su banda favorita. Los cumbieros, por supuesto, son aquellos fanáticos de la cumbia. Se visten con el último modelo de zapatillas y ropa deportiva y usan generalmente gorras con visera. Los emos se definen por su estado de ánimo: están tristes, y la sociedad les da vergüenza . Se visten y se maquillan de negro, usan peinados extravagantes que también les cubren parte de la cara.
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lunes, 6 de octubre de 2008
LOS PIERCINGS en Diario Clarín
TENDENCIA ENTRE JOVENES DE 13 A 20 AÑOS, EN CAPITAL Y GRAN BUENOS AIRES
Los piercings crecen con las nuevas tribus urbanas: ya se hacen más de 1.000 por día
Se perforan la nariz, la lengua o los labios. Alertan sobre los riesgos: el 60% trae problemas.
Por: Guillermina De Domini
Le sostiene la punta de la lengua con tres dedos de la mano izquierda. La estira, casi pretendiendo convertirla en una piedra chata. La saliva desborda por la comisura de su boca. Los labios se empapan, empalidecen. Con la otra mano, estática, el piercer clava una aguja plateada por el centro. Dos segundos. Y atraviesa un piercing con dos bolitas a cada extremo. Camila Bayley (16) se inquieta sobre una silla blanca en un local de la galería Bond Street, en Barrio Norte. Quiere morderse la boca, o abrirla más para gritar, pero no puede. Se conforma con cerrar los ojos con fuerza, mientras otros chicos floggers la observan detrás de un vidrio. "Ahora tengo que esperar un mes para ver cómo cicatriza", logra decir, con la lengua cubierta de algodón.La colocación de piercings crece al ritmo de las nuevas tribus urbanas. Y los especialistas ya advierten los peligros sobre su uso: desde la Asociación Odontológica Argentina (AOA) dicen que en más del 60% de los casos provoca problemas en la piel y lesiones bucodentales. La Clínica Odontológica de la Universidad Rey Juan Carlos de España, reveló en un estudio que el 72% de los pacientes que se colocaron estos aros sufrieron complicaciones.Según indicaron a Clarín en la Asociación de Tatuadores (ATARA), más de 1.000 chicos por día de entre 13 y 20 años se perforan la nariz, la lengua, los labios o el contorno de la boca en alguno de los 1.500 locales de "decoración de la piel y perforación" de la Ciudad y el GBA. Y dicen que la mayoría son floggers y emos, que usan los aros de acero quirúrgico o titanio como símbolo de pertenencia.La AOA aseguró que las lesiones bucodentales se manifiestan en tres etapas (ver infografía). En la primera hay dolor, sangrado y lesiones nerviosas y pueden transmitir VIH, hepatitis B, C, D y G, tétanos y tuberculosis si no se utilizan materiales aprobados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologías Médicas (ANMAT). Durante la cicatrización -que tarda entre 30 y 40 días- se inflaman la lengua y los ganglios. Se mastica, se traga con dificultad y se irritan las mucosas. Los dientes se parten y pierden esmalte. Puede causar alergias por el roce, aumenta la saliva, el mal aliento y la gingivitis. Roberto Lemme, odontólogo, presidente de la Federación Argentina de Odontología, contó que las consultas por piercings son cada vez más frecuentes. "No lo recomiendo para nada. Les digo que se lo quiten, pero prefieren soportar los problemas. Se someten a eso sabiendo cuáles son las reacciones", dijo. El dermatólogo Sergio Escobar coincidió: "Generan infecciones y pueden formar cálculos y queloides en la piel, donde después habrá que aplicar cremas con corticoides, hacer criocirugías o una cirugía". Lemme explica que, como la colocación del piercing es una microcirugía, requiere condiciones especiales de esterilización. "A los odontólogos nos exigen muchos cuidados higiénicos pero a los que ponen los aros, no", dice Lemme. Desde 2006 rige una ley porteña que obliga a los locales de tatuajes y piercings a estar esterilizados y contar con libreta sanitaria. En el país, las multas van de $ 50 a $ 2.000 y puede terminar en clausura. En 2005, en La Plata, una madre denunció a un local por colocar un piercing en la lengua a su hijo de 15 años sin su consentimiento. El chico tuvo una infección bucal y debió ser medicado. El local cerró por un mes y el caso disparó la regulación en esa ciudad. En Córdoba, Chubut, Santa Cruz y el Chaco ya tienen leyes u ordenanzas, pero aún se trabaja un proyecto de ley nacional en el Senado que daría marco regulatorio general para que cada jurisdicción disponga de su letra chica. Mientras tanto, los especialistas aconsejan no colocarse piercings en la boca ni en la nariz. Y de hacerlo, deben estar muy atentos a que los materiales utilizados por el colocador sean descartables.
Los piercings crecen con las nuevas tribus urbanas: ya se hacen más de 1.000 por día
Se perforan la nariz, la lengua o los labios. Alertan sobre los riesgos: el 60% trae problemas.
Por: Guillermina De Domini
Le sostiene la punta de la lengua con tres dedos de la mano izquierda. La estira, casi pretendiendo convertirla en una piedra chata. La saliva desborda por la comisura de su boca. Los labios se empapan, empalidecen. Con la otra mano, estática, el piercer clava una aguja plateada por el centro. Dos segundos. Y atraviesa un piercing con dos bolitas a cada extremo. Camila Bayley (16) se inquieta sobre una silla blanca en un local de la galería Bond Street, en Barrio Norte. Quiere morderse la boca, o abrirla más para gritar, pero no puede. Se conforma con cerrar los ojos con fuerza, mientras otros chicos floggers la observan detrás de un vidrio. "Ahora tengo que esperar un mes para ver cómo cicatriza", logra decir, con la lengua cubierta de algodón.La colocación de piercings crece al ritmo de las nuevas tribus urbanas. Y los especialistas ya advierten los peligros sobre su uso: desde la Asociación Odontológica Argentina (AOA) dicen que en más del 60% de los casos provoca problemas en la piel y lesiones bucodentales. La Clínica Odontológica de la Universidad Rey Juan Carlos de España, reveló en un estudio que el 72% de los pacientes que se colocaron estos aros sufrieron complicaciones.Según indicaron a Clarín en la Asociación de Tatuadores (ATARA), más de 1.000 chicos por día de entre 13 y 20 años se perforan la nariz, la lengua, los labios o el contorno de la boca en alguno de los 1.500 locales de "decoración de la piel y perforación" de la Ciudad y el GBA. Y dicen que la mayoría son floggers y emos, que usan los aros de acero quirúrgico o titanio como símbolo de pertenencia.La AOA aseguró que las lesiones bucodentales se manifiestan en tres etapas (ver infografía). En la primera hay dolor, sangrado y lesiones nerviosas y pueden transmitir VIH, hepatitis B, C, D y G, tétanos y tuberculosis si no se utilizan materiales aprobados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologías Médicas (ANMAT). Durante la cicatrización -que tarda entre 30 y 40 días- se inflaman la lengua y los ganglios. Se mastica, se traga con dificultad y se irritan las mucosas. Los dientes se parten y pierden esmalte. Puede causar alergias por el roce, aumenta la saliva, el mal aliento y la gingivitis. Roberto Lemme, odontólogo, presidente de la Federación Argentina de Odontología, contó que las consultas por piercings son cada vez más frecuentes. "No lo recomiendo para nada. Les digo que se lo quiten, pero prefieren soportar los problemas. Se someten a eso sabiendo cuáles son las reacciones", dijo. El dermatólogo Sergio Escobar coincidió: "Generan infecciones y pueden formar cálculos y queloides en la piel, donde después habrá que aplicar cremas con corticoides, hacer criocirugías o una cirugía". Lemme explica que, como la colocación del piercing es una microcirugía, requiere condiciones especiales de esterilización. "A los odontólogos nos exigen muchos cuidados higiénicos pero a los que ponen los aros, no", dice Lemme. Desde 2006 rige una ley porteña que obliga a los locales de tatuajes y piercings a estar esterilizados y contar con libreta sanitaria. En el país, las multas van de $ 50 a $ 2.000 y puede terminar en clausura. En 2005, en La Plata, una madre denunció a un local por colocar un piercing en la lengua a su hijo de 15 años sin su consentimiento. El chico tuvo una infección bucal y debió ser medicado. El local cerró por un mes y el caso disparó la regulación en esa ciudad. En Córdoba, Chubut, Santa Cruz y el Chaco ya tienen leyes u ordenanzas, pero aún se trabaja un proyecto de ley nacional en el Senado que daría marco regulatorio general para que cada jurisdicción disponga de su letra chica. Mientras tanto, los especialistas aconsejan no colocarse piercings en la boca ni en la nariz. Y de hacerlo, deben estar muy atentos a que los materiales utilizados por el colocador sean descartables.
¿CUÁLES TRIBUS URBANAS?
El fenómeno de las “tribus urbanas” pertenece al ámbito de la Sociología de la Cultura y hace referencia a temas de sentido e identidad de algún grupo o micro grupo, habitualmente juvenil. Una manera sencilla es entenderlo como un conglomerado que tiene un estilo de vida urbano diferente a lo habitual. El culpable de haber inventado el concepto es un sociólogo francés, Michel Mafessoli, cuando escribió “El Tiempo de las Tribus: El Declinamiento del Individualismo en las Sociedades de Masas”, todo un título optimista. Para él, las tribus son grupos basados en emociones compartidas opuestos a la pasividad de los sujetos, es decir, desarrollan una cuota de rebeldía anti-sistema, por lo que no ven televisión ni siguen la farándula. Lo que comparten los integrantes de las tribus son códigos, especialmente códigos estéticos, musicales y de apariencia –ropas y accesorios. Ello es lo que los hace diferentes al resto de la sociedad. Pero, ¿son las así llamadas tribus urbanas chilenas, propiamente tribus? No parecen nuestros pokemones y pelolais resultado de alguna clase de adaptación social, económica o cultural; al contrario, no parecen jóvenes o niños que estén en algún proceso de reacción a nuestra modernidad “jurel tipo salmón”, modernidad periférica que se llama. No hay aquí una alternativa a la comunicación hegemónica ni un modo diferente de establecer relaciones económicas, menos una cultura. No dudo que algunos colegas encontrarán en estos chiquillos toda una nueva cultura, quizás si una fuerza transformadora de la sociedad, el resultado de la industria cultural o, al menos, la aparición de nuevos códigos de consumo. Hay bastante material para elaborar alguna disparatada tesis posmoderna haciendo referencia a Foucault, Derrida u otro semejante. Lo que está claro es que hallarán una “nueva juventud” con una nueva resignificación y una nueva sensibilidad. Quizás una reminiscencia a Heidegger podría hacerse: los jóvenes “andan”, es decir, devienen, pues no hay utopías ni fines, todo es vagabundear en un mudo desencantado. Las tribus son búsquedas de identidad, por lo que los jóvenes tribeños tienen que tener alguna clase de ideología, un aquí estamos y un allá queremos ir. Y son asociaciones que están basadas en un mismo estilo de vida o actividades. Entonces, ¿puede espontáneamente crecer una ideología asociada al tipo de cabello? porque eso es lo que se sostiene, que una niña rubia, castaña clara, delgada y algo cool, es una pelolais, pertenece a la tribu pelolais. En rigor, lo más probable es que pertenezca al sector socioeconómico más alto y más que tribu lo que hay es una clase, incluso una moda impuesta por una clase. El “caso pokemón” es más patético. Los pokemones son adolescentes jóvenes –de 13 a 18 y quizás más años– que van a las discos por la tarde; han denominado al tradicional “atraque” “ponceo”, con lo cual han contribuido al lenguaje nacional. Lo más distintivo en ellos es su presentación personal, piercings, colores incombinables –rosado, verde, naranjo, lila, azul– y a la mayoría le gusta el reggaetón, son generalmente pacíficos. Pokemón es un apodo de origen japonés debido a sus des-peinados. Pero lo cierto es que los pokemones son un nombre genérico pues corresponde a los adolescentes de una clase social media baja, con cabello negro e hirsuto, con chiquillas poco longilíneas y algo inmaduras y, en general, se trata de un grupo poco moderno. Se trata de chiquillos avalados por sus padres, cuyas madres les ayudan a preparar el ropaje –como declaran en la TV– lo que muestra una “rebeldía funcional” a los medios y a la sociedad de consumo y sus modas. En ese sentido no son modernos pues su interés no es la emancipación personal ni social. Más aún, la misma condición de “poseur”, posero que imita a los integrantes de una tribu y se hace pasar por uno de ellos (o sea, en chileno es el siútico, el arribista), no significa que se incorporó a la tribu de marras. Así las cosas, los pokemones serían una tribu compuesta de “poseurs”, una contradicción, un verdadero círculo cuadrado,… una no-tribu. Las tribus urbanas no solamente tienen una estética propia, también tienen convicciones cuasi religiosas o místicas, semipolíticas y viven un estilo de vida fuera de los cánones de sus sociedades; no es ese el caso de pokemones que son conducidos a los sets de televisión por sus madres y padres aspiracionales que, como no han vivido las condiciones de rebeldía propias de las generaciones anteriores (debido a la dictadura, recesiones y otros) y al provenir de estratos bajos o de zonas rurales, proyectan en sus hijos lo que consideran es una manera glamorosa de ser jóvenes. Algunos grupos derivados o en la periferia de los pokemones son absolutamente poseurs: emos, góticos, otakus, harcoritos, etcétera; pero los une el ser una moda, una absorción de lo ajeno. Y con permiso, pues se portan bien, beben bebidas a media tarde, usan el fotolog y poncean. En suma, entre pokemones, pelolais, hippies, thrashers, punkies, tecnos, skinheads, unders, artesas y otros, está la vieja distinción de clases cuico/flaite. Las barras bravas, ciertos skins fascistas, los pokeflaites corresponden a una clase especial de subculturas semidelictuales, es el pandillerismo clásico y no el tribalismo urbano, aunque ocupen nombres de tribus skins: los “Peñi” para vincularse a lo mapuche o los PinReb (Pintana Rebelde), pero no son propiamente tribus, tienen aspecto de grupo, mas no así un traje propiamente (aunque ciertos hip-hoperos parecen uniformados). El pandillerismo corresponde a una protesta contra la hegemonía cultural de la clase dominante con rasgos que cruzan la envidia, el resentimiento y la distinción. El abuso, las raterías se justifican como actos de envidia y delitos más grandes como una especie de “robinhoodismo” restitutivo desde los ricos a los pobres; pero, también hay una distinción que permite mantener la identidad, vestirse, hablar y moverse como “pato malo”. Esto es lo más llamativo de las tribus y bandas, el cultivo del feísmo, el gesto como orgulloso de ser discriminado, una ostentación de algo de tontería e inmadurez como si fuera una opción, sumada a la falta de respeto, desprecio de los modales y algo de “frescura de nalgas” o desfachatez. Pero hay en Chile algunos grupos con características de tribus urbanas. Los “artesas”, que son no tan jóvenes todos, alternativos a la sociedad, que viven de artesanías y otros trabajos informales, sin duda con una estética diferente y un modo de vivir alternativo, su bandera, claramente, tiene un elemento de libertad; los “rastas”, que son un proyecto socioreligiosos y viven comunitariamente; la versión criolla que mezcla skins con punk y que produce neonazis u okupas. Quizás ciertas bandas metaleras y su área de influencia como son circuitos de festivales, viajes, tocatas varias, puedan ser consideradas tribus, siempre y siempre que no estén incorporados a la sociedad. El resto de las así llamadas tribus urbanas, por lo menos en Chile, no lo son. ¿Cómo hacer un grupo a partir del gusto por Kudai, Daddy Yankee o Bauhaus? si así fuera hubiera habido tribus urbanas a partir de Axé Bahía, Chayanne o Luis Miguel, y no pasó. En verdad algunas tribus son un fan club de niños que alargan la etapa intermedia entre niñez y adolescencia, y como las hormonas ya están activas poncean. En todo caso, es difícil que se pueda construir una ideología a partir de Picachú y menos un modo de vida. Si un joven se creyera Batman o Pedro Picapiedra a los 18 años lo llevaríamos al psicólogo rápidamente.
Por Rodrigo Larraín
El fenómeno de las “tribus urbanas” pertenece al ámbito de la Sociología de la Cultura y hace referencia a temas de sentido e identidad de algún grupo o micro grupo, habitualmente juvenil. Una manera sencilla es entenderlo como un conglomerado que tiene un estilo de vida urbano diferente a lo habitual. El culpable de haber inventado el concepto es un sociólogo francés, Michel Mafessoli, cuando escribió “El Tiempo de las Tribus: El Declinamiento del Individualismo en las Sociedades de Masas”, todo un título optimista. Para él, las tribus son grupos basados en emociones compartidas opuestos a la pasividad de los sujetos, es decir, desarrollan una cuota de rebeldía anti-sistema, por lo que no ven televisión ni siguen la farándula. Lo que comparten los integrantes de las tribus son códigos, especialmente códigos estéticos, musicales y de apariencia –ropas y accesorios. Ello es lo que los hace diferentes al resto de la sociedad. Pero, ¿son las así llamadas tribus urbanas chilenas, propiamente tribus? No parecen nuestros pokemones y pelolais resultado de alguna clase de adaptación social, económica o cultural; al contrario, no parecen jóvenes o niños que estén en algún proceso de reacción a nuestra modernidad “jurel tipo salmón”, modernidad periférica que se llama. No hay aquí una alternativa a la comunicación hegemónica ni un modo diferente de establecer relaciones económicas, menos una cultura. No dudo que algunos colegas encontrarán en estos chiquillos toda una nueva cultura, quizás si una fuerza transformadora de la sociedad, el resultado de la industria cultural o, al menos, la aparición de nuevos códigos de consumo. Hay bastante material para elaborar alguna disparatada tesis posmoderna haciendo referencia a Foucault, Derrida u otro semejante. Lo que está claro es que hallarán una “nueva juventud” con una nueva resignificación y una nueva sensibilidad. Quizás una reminiscencia a Heidegger podría hacerse: los jóvenes “andan”, es decir, devienen, pues no hay utopías ni fines, todo es vagabundear en un mudo desencantado. Las tribus son búsquedas de identidad, por lo que los jóvenes tribeños tienen que tener alguna clase de ideología, un aquí estamos y un allá queremos ir. Y son asociaciones que están basadas en un mismo estilo de vida o actividades. Entonces, ¿puede espontáneamente crecer una ideología asociada al tipo de cabello? porque eso es lo que se sostiene, que una niña rubia, castaña clara, delgada y algo cool, es una pelolais, pertenece a la tribu pelolais. En rigor, lo más probable es que pertenezca al sector socioeconómico más alto y más que tribu lo que hay es una clase, incluso una moda impuesta por una clase. El “caso pokemón” es más patético. Los pokemones son adolescentes jóvenes –de 13 a 18 y quizás más años– que van a las discos por la tarde; han denominado al tradicional “atraque” “ponceo”, con lo cual han contribuido al lenguaje nacional. Lo más distintivo en ellos es su presentación personal, piercings, colores incombinables –rosado, verde, naranjo, lila, azul– y a la mayoría le gusta el reggaetón, son generalmente pacíficos. Pokemón es un apodo de origen japonés debido a sus des-peinados. Pero lo cierto es que los pokemones son un nombre genérico pues corresponde a los adolescentes de una clase social media baja, con cabello negro e hirsuto, con chiquillas poco longilíneas y algo inmaduras y, en general, se trata de un grupo poco moderno. Se trata de chiquillos avalados por sus padres, cuyas madres les ayudan a preparar el ropaje –como declaran en la TV– lo que muestra una “rebeldía funcional” a los medios y a la sociedad de consumo y sus modas. En ese sentido no son modernos pues su interés no es la emancipación personal ni social. Más aún, la misma condición de “poseur”, posero que imita a los integrantes de una tribu y se hace pasar por uno de ellos (o sea, en chileno es el siútico, el arribista), no significa que se incorporó a la tribu de marras. Así las cosas, los pokemones serían una tribu compuesta de “poseurs”, una contradicción, un verdadero círculo cuadrado,… una no-tribu. Las tribus urbanas no solamente tienen una estética propia, también tienen convicciones cuasi religiosas o místicas, semipolíticas y viven un estilo de vida fuera de los cánones de sus sociedades; no es ese el caso de pokemones que son conducidos a los sets de televisión por sus madres y padres aspiracionales que, como no han vivido las condiciones de rebeldía propias de las generaciones anteriores (debido a la dictadura, recesiones y otros) y al provenir de estratos bajos o de zonas rurales, proyectan en sus hijos lo que consideran es una manera glamorosa de ser jóvenes. Algunos grupos derivados o en la periferia de los pokemones son absolutamente poseurs: emos, góticos, otakus, harcoritos, etcétera; pero los une el ser una moda, una absorción de lo ajeno. Y con permiso, pues se portan bien, beben bebidas a media tarde, usan el fotolog y poncean. En suma, entre pokemones, pelolais, hippies, thrashers, punkies, tecnos, skinheads, unders, artesas y otros, está la vieja distinción de clases cuico/flaite. Las barras bravas, ciertos skins fascistas, los pokeflaites corresponden a una clase especial de subculturas semidelictuales, es el pandillerismo clásico y no el tribalismo urbano, aunque ocupen nombres de tribus skins: los “Peñi” para vincularse a lo mapuche o los PinReb (Pintana Rebelde), pero no son propiamente tribus, tienen aspecto de grupo, mas no así un traje propiamente (aunque ciertos hip-hoperos parecen uniformados). El pandillerismo corresponde a una protesta contra la hegemonía cultural de la clase dominante con rasgos que cruzan la envidia, el resentimiento y la distinción. El abuso, las raterías se justifican como actos de envidia y delitos más grandes como una especie de “robinhoodismo” restitutivo desde los ricos a los pobres; pero, también hay una distinción que permite mantener la identidad, vestirse, hablar y moverse como “pato malo”. Esto es lo más llamativo de las tribus y bandas, el cultivo del feísmo, el gesto como orgulloso de ser discriminado, una ostentación de algo de tontería e inmadurez como si fuera una opción, sumada a la falta de respeto, desprecio de los modales y algo de “frescura de nalgas” o desfachatez. Pero hay en Chile algunos grupos con características de tribus urbanas. Los “artesas”, que son no tan jóvenes todos, alternativos a la sociedad, que viven de artesanías y otros trabajos informales, sin duda con una estética diferente y un modo de vivir alternativo, su bandera, claramente, tiene un elemento de libertad; los “rastas”, que son un proyecto socioreligiosos y viven comunitariamente; la versión criolla que mezcla skins con punk y que produce neonazis u okupas. Quizás ciertas bandas metaleras y su área de influencia como son circuitos de festivales, viajes, tocatas varias, puedan ser consideradas tribus, siempre y siempre que no estén incorporados a la sociedad. El resto de las así llamadas tribus urbanas, por lo menos en Chile, no lo son. ¿Cómo hacer un grupo a partir del gusto por Kudai, Daddy Yankee o Bauhaus? si así fuera hubiera habido tribus urbanas a partir de Axé Bahía, Chayanne o Luis Miguel, y no pasó. En verdad algunas tribus son un fan club de niños que alargan la etapa intermedia entre niñez y adolescencia, y como las hormonas ya están activas poncean. En todo caso, es difícil que se pueda construir una ideología a partir de Picachú y menos un modo de vida. Si un joven se creyera Batman o Pedro Picapiedra a los 18 años lo llevaríamos al psicólogo rápidamente.
Por Rodrigo Larraín
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