El presente informe deja ver –entre otras cosas- la marcada diferencia entre las convicciones e ideologías de las Tribus Urbanas pertenecientes a la modernidad y la posmodernidad. Como vimos, cada una de éstas impuso –directa o indirectamente- sus caracteres en las hijas que engendraron. Así, las represiones y rectitudes de la era Moderna dieron lugar a una insurrección contracultural que marcó un hito en la historia de la humanidad. Y así también la banalidad y trivialidad tan exclusivas de la posmodernidad generaron agrupaciones -en apariencia- también banales y superficiales. ¿Por qué aclaramos que en apariencia? Pues bien, es cierto que la devaluación del conocimiento y la educación es una de las tantas vaciedades de nuestra vertiginosa era Posmoderna. Es cierto también, que muchos de los jóvenes que actualmente pertenecen o adhieren a alguna de las tribus que pululan por las ciudades, no está totalmente consciente de por qué lo hace o para qué. Pero también es verdad que ninguna agrupación subcultural surge sin intenciones revolucionarias.
Pese a que no puede considerarse a las actuales Tribus Urbanas como movimientos contraculturales, sí puede afirmarse que poseen, al menos incipientemente, una consciencia contestataria. Ésta se refleja, principalmente, en el desacuerdo y oposición con los patrones de comportamiento generales. En su intento de diferenciarse del resto de la sociedad en la forma de vestirse, de peinarse, de comunicarse, etc.
Así como en la Modernidad se acortaban las faldas de las mujeres, se quemaban sostenes, se maquillaban los rostros de blanco y se consumían drogas para reclamar libertad a los cuatro vientos. Así hoy los jóvenes ocultan sus rostros, se recluyen en Internet, se visten y se comportan de modo diferente y hasta se auto-flagelan para demandar límites en una sociedad devastada por el libertinaje.
Claro está que, en muchos casos, no existe consciencia de esto y que la pertenencia a una agrupación pasa sólo por una cuestión de moda o tendencias efímeras. Pero esto de ninguna manera es exclusivo de la Posmodernidad, ya que es innegable que también las subculturas modernas, en algunos aspectos, se quedaron sólo en lo decorativo.
Por todo esto, podemos argüir que la desvalorización del conocimiento y la educación en las Tribus de la actualidad son simplemente una consecuencia del momento cultural en que vivimos. Es la SOCIEDAD en general la que no valora el saber y si las agrupaciones juveniles configuran una sublevación contra ella, lo hacen también –aunque implícitamente- contra la devaluación cultural.
Vivimos en un mundo en el que los valores, proyectos e ideales de la Modernidad parecen ya no ser la respuesta adecuada a los nuevos problemas a los que nos enfrentamos. Las condiciones de vida nos han transformado y, en esta metamorfosis, las instituciones educativas han quedado apabulladas, oscurecidas, descalificadas. No obstante, la escuela cumple hoy más que nunca, una función social irrenunciable y el valor del conocimiento que ella debe ayudar a construir a los niños y jóvenes, es y será una de sus herramientas más valiosas.
Como futuros docentes, creemos necesario poder comprender estas transformaciones, estos nuevos escenarios y, sobre todo, estos nuevos actores de la educación como un acontecimiento que implica una ruptura histórica donde ya el pasado no tiene modo de ser recuperado en su formato original. Parafraseando a Cecilia Bixio[1], admitimos que se debe cambiar la melancólica nostalgia por la añoranza, puesto que ésta nos permite volver la mirada al pasado y reconstruirlo a futuro. Porque se añora lo perdido pero también aquello que no ha sido posible, que aún no fue. En este sentido, somos los docentes quienes poseemos las armas para pelear por la educación y acompañar en esta guerra cultural, a una juventud que al menos inconcientemente, ha dado los primeros cañonazos…
[1] BIXIO, Cecilia. “Los nuevos escenarios de construcción del conocimiento”. En BOGGINO, Norberto. “Convivir, aprender y enseñar en el aula”. Cáp. 5. Pág. 94- 95.
Bibliografía
BOGGINO, Norberto. (2005). “Convivir, aprender y enseñar en el aula”. Santa Fe, Argentina. Homo Sapiens.
ETCHVERRY, Guillermo Jaim. “La tragedia educativa”. Fondo de cultura económica. Buenos Aires. 1992.
TERMINILLO, Oscar. “Tribus Urbanas II”. Editorial Bonum. Buenos Aires. 2002.
Revista de Cultura Ñ. Nº 204: “Todo comenzó en los ‘60” (Edición especial). Sábado 25 de agosto de 2007.
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Vol. 4. Nº 2. 2006. “Generación XX. Teorías sobre la juventud en la era contemporánea”.
Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Web Sites:
http://www.elliberal.com.ar/secciones
http://es.wikipedia.org/wiki/Flogger
http://www.geocities.com/CollegePark/5025/mesa6c.htm
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jueves, 9 de octubre de 2008
LOS FLOGGER

Se conoce como Flogger a una moda adolescente originaria de Argentina, que está estrechamente relacionada con Fotolog.com, un sitio web donde se suben fotos y donde los usuarios pueden comentar en ellas. Se ha vuelto muy popular entre los jóvenes, para convertirse en casi un hábito o forma de vida.[1] La palabra Flogger proviene de "flog", apócope de Fotolog. La popularidad de un fotolog se basa en la cantidad de firmas (comentarios) diarias a las fotos y sus amigos/favoritos. Las fotos subidas en sus respectivos fotologs suelen ser autorretratos.
El estilo se compone principalmente por pantalones chupines de colores llamativos (apretados jeans o joggings), remeras amplias con cuello en V o en U con colores fluorescentes o no. Los floggers usan como zapatilla las deportivas de lona o las Converse, el peinado que los distingue es semi-largo en los varones, y un flequillo en ambos géneros el cual tapa parcialmente o por completo los ojos. Se conoce como floggers a los jóvenes seguidores y amantes de esta moda. Algunas características de los floggers es su gusto por la moda y por marcas reconocidas.
También son conocidos por utilizar tiradores y chupines con cintura alta, que es lo último en moda de los floggers ya que utilizan la misma ropa que se usaba en otras épocas.
Entre los gustos de estos adolescentes, se encuentra la música electrónica, principalmente techno, sobre la cual han desarrollado una peculiar manera de bailarla llamada Electro. Los movimientos, consisten en extender rápidamente una pierna, golpeando el suelo con el talón, y señalando la otra pierna hacia atrás y, a continuación, cambiar rápidamente la posición de las piernas, y muchas variaciones más.
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LOS EMOS

En un principio, el Emmo.-core fue un subgénero musical que nació en los 80 en Washington DC, como un desprendimiento del punk. Los grupos pioneros fueron Rites of Spring, Embrace y Gray Matter, entre otros. Sin embargo, los grupos que hoy se conocen como "emos" tienen poco que ver con aquellos ignotos pioneros.
Para fines concretos, la expresión "emo" se trata del apócope (supresión de uno o varios fonemas o de una o más sílabas al final de una palabra) del término emotional hardcore.
Originados de la clase media-alta de USA, su manera de ver la vida es a través de las emociones y los sentimientos, que son lo más importante. Su filosofía de vida se puede definir en frases como "¿Por qué me dejó?" o "Nadie me entiende". También se caracterizan por llorar (aproximadamente) cada 5 minutos y mirar las estrellas cuando están en una situación difícil.
En general, los "emos" son muy delgados y se dejan el pelo largo para ocultar sus rostros, con flequillos cubriendo un ojo o parte de la cara.
"Usamos los cabellos en el ojo para mostrar que una parte de la sociedad nos da vergüenza. No queremos que esa parte de la sociedad, que no nos gusta, nos vea" (Afirma un miembro de esta tribu)
Su vestimenta es entre skater y friki alternativo solitario (sobre todo prendas negras, aunque también pueden ir de colorcitos, con camisetas de marcas como Element, Monsters, Atticus o Fullbleed, o de grupos como Underoath o Funeral for a friend, caritas felices y pins de bandas emo punk, frases bordes o de Pesadilla antes de Navidad), zapatillas de cualquier color -generalmente negro o rojo- o Vans slip-on de cuadraditos.
Sus gustos musicales oscilan entregrupos bandas como My Chemical Romance, Panic! at the Disco y 30 Seconds. Además de Thursday, The Get Up Kids, Taking Back Sunday, Kudai, Fall Out Boy, Alexisonfire, Silverstein... Entre otros tantos que centran sus canciones en sentimientos como el amor, el odio y la desilusión. Estos grupos son –cabe destacar- fuertemente impulsados por MTV.
Una de sus particularidades más distintivas es la Autoflagelación. Existen "emos" que, entre otras prácticas oscuras, se cortan la piel como sinónimo de descontento con el mundo que los rodea y fantasean con el suicidio.
Algunas parejas de "emos" se cortan el cuerpo para llevar las mismas marcas, como símbolo de fraternidad, lo cual constituye, en tiempos del VIH/sida, un riesgo para su salud.
Usan piercings, tatuajes y, a diferencia de los "góticos", suelen romper con la monotonía de la ropa oscura a través de alguna prenda o accesorio fluor.
Los "emos" suelen irradiar, mientras bailan, un grito estremecedor, conocido como "scream". Se supone que el grito de los "emos" encarna un profundo dolor.
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LA POSMODERNIDAD Y SUS HIJAS: "LAS NUEVAS TRIBUS URBANAS"
La posmodernidad y sus Hijas: “Las nuevas Tribus Urbanas”
El fin del milenio se presenta, para una gran cantidad de jóvenes, como un tiempo de incertidumbre y de inseguridad. Es un tiempo de crisis, que se puede caracterizar por conceptos que intentan ser parámetros, tales como: globalización, transformaciones culturales, hibridizaciones, etc. Es decir, crisis de adaptaciones sociales, especialmente asociadas a los campos de la economía, las comunicaciones y la ética en las relaciones humanas cotidianas e institucionales, públicas y privadas, en un contexto de modernidad periférica, los cuales serían rasgos reveladores de esta condición. Esta crisis es vivida profundamente en distintos planos y constituiría el actual capítulo que experimenta la sociedad modernizada, o en vías de modernización, como efecto progresivo de los procesos de secularización y racionalización y con el desencantamiento del mundo (Weber).
En el paso de la modernidad a la posmodernidad, se ha provocado la desintegración de la comunidad y una ruptura de las relaciones primarias; los espacios culturales locales sufrieron los ataques de la globalidad, desestabilizándose antiguas formas establecidas de identidad y cultura, siendo reemplazadas por espacios culturales nuevos y distintos, espacios que tienen la característica de ser globales.
El desarrollo de la sociedad industrial y las revoluciones burguesas, que se produjeron a partir de la Revolución Francesa, fue estructurando pautas culturales y sociales sobre las que se articulaban grandes proyectos, tendientes al progreso y al cambio. Hoy es posible afirmar que esos ideales y esos proyectos no se lograron, y con ello devino el desencanto, la ruptura de utopías y la propia idea de progreso, la espontaneidad, el individualismo, la estética y el consumo. En esta “nueva” sociedad tienen primacía las industrias culturales (medios de comunicación de masas), que han afectado las pautas que organizan la vida contemporánea, que atraviesan a las instituciones (entre ellas la escuela) y que generaron el predominio de determinados valores y normas, afectando también hasta el sentido de la experiencia de los individuos, especialmente en adolescentes y jóvenes y, en adultos que tratan de “no despegarse” nunca de ellos.
En este nuevo tiempo en el que vive la humanidad, cargada de cambios, transformaciones e innovaciones, que en lugar de mejorar no solo la calidad de vida de las personas, sino también la calidad de “persona”, de “individuos”, se ancló a una sociedad sumamente flexible, basada en la información y en una estimulación constante de “necesidades”. No estamos ya ante un sujeto con ideales y objetivos, pensando en el futuro por venir, ahora se vive en un perpetuo presente, con un pasado que apenas se recuerda y con frustraciones.
Los objetos, el confort, el consumo masivo, el dinero y el poder caracterizan esta etapa, donde el viejo ideal de llegar a ser sujeto cultivado con conocimientos se lo cambió por ser a partir de lo que se tiene.
Sumado a esto, una característica fuertemente predominante es la sobrevaloración de la adolescencia, su forma de vida, su cuerpo, su belleza. De ser considerada una etapa de la vida pasó a constituir un modo de ser, tendiente a lo que algunos autores denominan “adolescentización” permanente, a la que aspiran sujetos de todas las edades.
En este contexto, el adolescente se convirtió en el centro de la sociedad, que atraviesa una etapa de crisis, cultural, de identidad, de integración, de relación con los demás sujetos. Desde este último aspecto, el vínculo entre padres-hijos también fue afectado. Los conflictos entre ellos ya no se producen por cuestiones ideológicas, sino por asuntos totalmente carentes de relevancia que dieron a lugar a indiferencia y a la falta de comunicación. Los padres son vistos como diferentes, incomprensibles y por lo tanto su palabra ya no resulta lo suficientemente creíble. Vivir el aquí y el ahora a través de la evasión o la agresión y, simultáneamente, vivir el inconformismo; un marco en el que las normas se volvieron relativas y por tanto, los adolescentes, comenzaron a construir un mundo separado al de sus propios padres, con sus propias normas y valores. La escuela comienza a transformarse en el centro de la vida social de los jóvenes, en un espacio que origina una nueva sociabilidad y una lógica propia.
De esta forma se dará lugar al surgimiento de una “cultura juvenil”, con una nueva conciencia generacional que se aleja cada vez más del trabajo e incluso de la estructura de clases, ya que el acceso al tiempo libre, por ejemplo, parece cancelar las diferencias sociales entre los jóvenes, uniformándose la cultura juvenil, en la medida en que se vinculan al mercado a través del consumo.
Este sujeto joven se enfrenta así al fenómeno de la posmodernidad, quedando expuesto a una serie de situaciones: la absorción por la imagen o la exclusión sin salida; la internalización de los signos de muerte como valores propios o la búsqueda de una identidad que de cuenta de las expectativas, valores y sueños; tomar una actitud de total pragmatismo con la realidad o fundar un nuevo mundo; asumir conductas colectivas e individuales que se expresan a través de mecanismos de agresión, compensación y resignación, para estar ahí, para tener una ilusión de participar, porque eso es lo que los hace sentirse virtualmente integrados en medio de la exclusión real, por falta de capacidad real de compra.
Dentro de este amplio campo de transformaciones, la escuela no estuvo ajena a ello, los escenarios en los que se producen los procesos de enseñanza y aprendizaje se han modificado, tanto en sus condiciones objetivas, materiales y concretas,(…)”[1] Las condiciones de vida actuales han hecho que las instituciones educativas queden oscurecidas, descalificadas, ya no constituyen un segundo hogar, puesto que las nuevas condiciones sociales están representadas por un fenómeno particular, el de los medios masivos de comunicación, entre los cuales tienen particular incidencia la televisión y la red de Internet.
Es en este sentido en que habla Guillermo Jaim Etcheverry en “La Tragedia Educativa” cuando afirma que existen señales que demuestran que la sociedad contemporánea está en contra del conocimiento. Condición que surge de la confluencia de una serie de acontecimientos, entre los que la expansión de los medios de comunicación, posee un lugar destacado.
La educación –dice Etcheverry- ya no constituye una meta en si misma. Las tendencias que la modelan apuntan a una enseñanza que privilegia lo “útil”. Esto es, nada menos, que la dimensión inmediatamente redituable e instrumental de lo aprendido.
Actualmente, en las escuelas es posible encontrar jóvenes que pertenecen a distintas tribus, lo cual se evidencia generalmente en sus apariencias. No obstante, como las instituciones poseen un reglamento con normas a cumplir, por parte de todos sus miembros, habitualmente los alumnos no pueden concurrir con elementos extravagantes, tales como piercings, cadenas, entre otros.
Asimismo, una de las tendencias actuales en las tribus, es el choque entre ellas, ya sea por no compartir ideas o gustos iguales, por la discriminación del otro grupo, burlas, etc.
Es por ello que para conocer como “funcionan” estas tribus en las escuelas, se realizó una encuesta a adolescentes entre 12 y 17 años, para que ellos mismos comenten acerca de sus vivencias, si pertenecen a algún grupo o conocen a otros chicos que lo hacen.
Se tomó una muestra en un colegio secundario, de 19 alumnos. De ellos se desprende la siguiente información:
-La mayoría de ellos manifestó que conocen qué son las tribus urbanas y que pertenecen, en su mayoría, a alguna de ellas. Sin embargo, el 68% reveló que no le interesan las tribus, demostrando aquí una contradicción, respecto a las preguntas anteriores. Otra de las preguntas se refería al por qué pertenecían a una tribu y se obtuvieron respuestas diversas: del total de los encuestados, un 26 % respondió que elegía un grupo por el look que la misma propone, un 21% quiere ser parte de la moda, mientras que el resto, en una proporción considerable, no contestó o señaló que lo hacía por otras causas.
-Con respecto a los últimos dos interrogantes, estuvieron dirigidos a las actitudes adoptadas por las tribus, dentro del ámbito escolar. En estos casos, los encuestados declararon que estos nuevos grupos son tranquilos y (la mayoría) que no sobresalen por sus acciones, es decir, son pacíficos; mientras que un 31% revela que si se manifiestan es por el hecho de “hacerse notar”, sobresalir de lo que podría denominarse el común de los alumnos. Finalmente, con respecto a la relación entre las tribus en las instituciones educativas, el 74% expresó que no tienen problemas entre ellas, aunque es de destacarse que el 26% respondió que sí se producen choques.
A partir de estos datos obtenidos, nos es posible concluir que estos alumnos secundarios dicen conocer lo que es una tribu urbana, ya sea porque pertenecen a una de ellas o debido a que sus compañeros lo hacen. Sin embargo, cuando se les pregunta qué piensan de ellas la mayoría manifiesta que no les interesan esos grupos, al igual que los integran sólo por ser parte de la nueva moda o por el look que tienen. Esto nos lleva a inferir la superficialidad que estos adolescentes manifiestan, es decir, ser parte de algún grupo “distinto” aunque sin conocer por qué lo hacen o qué representan. El ideal, entonces, sería, sobresalir, distinguirse, y ello lo consiguen mediante esta nueva moda.
No obstante, en lo que respecta a sus comportamientos en los colegios, se muestran tranquilos, sin problemas ni choques violentos. Si tienen alguna conducta “diferente” es por el solo hecho de que el resto los distinga, o por querer llamar la atención.
Por otra parte, uno de los interrogantes estuvo referido a la clase de música que cada tribu escucha y con la cual se identifica, este aspecto nos permitió reforzar las ideas que ya poseíamos, respecto a sus gustos. Se han logrado los siguientes resultados:
ª Emos: reggetón
ª Flogguers: marchas y otros
ª Dark: latinos
ª Cumbieros: cumbias
ª Punk: rock
ª Góticos: rock y temas del recuerdo
ª Hippies: pop
Estos datos nos permiten conocer un poco más sobre la actualidad de las tribus y algunos de los aspectos que las caracterizan. Además de reflejarnos las condiciones de la nueva sociedad donde los grupos de adolescentes se integran buscando su identidad. Pero una identidad que –explícitamente al menos- ya no pasa como en los 60’ por el cambio o la revuelta social…
Luego de esto, es evidente que no hace falta viajar en el tiempo para poder hablar de las diferentes tribus que conforman una sociedad. Sólo basta con prestar atención y observar en los bares, en la puerta de los colegios o en las plazas a los distintos grupos de adolescentes. Si bien, la mayoría de estos grupos derivan de las tribus modernas, el presente cultural posmoderno, ha impuesto en ellas otros rasgos distintivos.
[1] BOGGINO, Norberto. (2005). “Convivir, aprender y enseñar en el aula”. Santa Fe, Argentina. Homo Sapiens.
El fin del milenio se presenta, para una gran cantidad de jóvenes, como un tiempo de incertidumbre y de inseguridad. Es un tiempo de crisis, que se puede caracterizar por conceptos que intentan ser parámetros, tales como: globalización, transformaciones culturales, hibridizaciones, etc. Es decir, crisis de adaptaciones sociales, especialmente asociadas a los campos de la economía, las comunicaciones y la ética en las relaciones humanas cotidianas e institucionales, públicas y privadas, en un contexto de modernidad periférica, los cuales serían rasgos reveladores de esta condición. Esta crisis es vivida profundamente en distintos planos y constituiría el actual capítulo que experimenta la sociedad modernizada, o en vías de modernización, como efecto progresivo de los procesos de secularización y racionalización y con el desencantamiento del mundo (Weber).
En el paso de la modernidad a la posmodernidad, se ha provocado la desintegración de la comunidad y una ruptura de las relaciones primarias; los espacios culturales locales sufrieron los ataques de la globalidad, desestabilizándose antiguas formas establecidas de identidad y cultura, siendo reemplazadas por espacios culturales nuevos y distintos, espacios que tienen la característica de ser globales.
El desarrollo de la sociedad industrial y las revoluciones burguesas, que se produjeron a partir de la Revolución Francesa, fue estructurando pautas culturales y sociales sobre las que se articulaban grandes proyectos, tendientes al progreso y al cambio. Hoy es posible afirmar que esos ideales y esos proyectos no se lograron, y con ello devino el desencanto, la ruptura de utopías y la propia idea de progreso, la espontaneidad, el individualismo, la estética y el consumo. En esta “nueva” sociedad tienen primacía las industrias culturales (medios de comunicación de masas), que han afectado las pautas que organizan la vida contemporánea, que atraviesan a las instituciones (entre ellas la escuela) y que generaron el predominio de determinados valores y normas, afectando también hasta el sentido de la experiencia de los individuos, especialmente en adolescentes y jóvenes y, en adultos que tratan de “no despegarse” nunca de ellos.
En este nuevo tiempo en el que vive la humanidad, cargada de cambios, transformaciones e innovaciones, que en lugar de mejorar no solo la calidad de vida de las personas, sino también la calidad de “persona”, de “individuos”, se ancló a una sociedad sumamente flexible, basada en la información y en una estimulación constante de “necesidades”. No estamos ya ante un sujeto con ideales y objetivos, pensando en el futuro por venir, ahora se vive en un perpetuo presente, con un pasado que apenas se recuerda y con frustraciones.
Los objetos, el confort, el consumo masivo, el dinero y el poder caracterizan esta etapa, donde el viejo ideal de llegar a ser sujeto cultivado con conocimientos se lo cambió por ser a partir de lo que se tiene.
Sumado a esto, una característica fuertemente predominante es la sobrevaloración de la adolescencia, su forma de vida, su cuerpo, su belleza. De ser considerada una etapa de la vida pasó a constituir un modo de ser, tendiente a lo que algunos autores denominan “adolescentización” permanente, a la que aspiran sujetos de todas las edades.
En este contexto, el adolescente se convirtió en el centro de la sociedad, que atraviesa una etapa de crisis, cultural, de identidad, de integración, de relación con los demás sujetos. Desde este último aspecto, el vínculo entre padres-hijos también fue afectado. Los conflictos entre ellos ya no se producen por cuestiones ideológicas, sino por asuntos totalmente carentes de relevancia que dieron a lugar a indiferencia y a la falta de comunicación. Los padres son vistos como diferentes, incomprensibles y por lo tanto su palabra ya no resulta lo suficientemente creíble. Vivir el aquí y el ahora a través de la evasión o la agresión y, simultáneamente, vivir el inconformismo; un marco en el que las normas se volvieron relativas y por tanto, los adolescentes, comenzaron a construir un mundo separado al de sus propios padres, con sus propias normas y valores. La escuela comienza a transformarse en el centro de la vida social de los jóvenes, en un espacio que origina una nueva sociabilidad y una lógica propia.
De esta forma se dará lugar al surgimiento de una “cultura juvenil”, con una nueva conciencia generacional que se aleja cada vez más del trabajo e incluso de la estructura de clases, ya que el acceso al tiempo libre, por ejemplo, parece cancelar las diferencias sociales entre los jóvenes, uniformándose la cultura juvenil, en la medida en que se vinculan al mercado a través del consumo.
Este sujeto joven se enfrenta así al fenómeno de la posmodernidad, quedando expuesto a una serie de situaciones: la absorción por la imagen o la exclusión sin salida; la internalización de los signos de muerte como valores propios o la búsqueda de una identidad que de cuenta de las expectativas, valores y sueños; tomar una actitud de total pragmatismo con la realidad o fundar un nuevo mundo; asumir conductas colectivas e individuales que se expresan a través de mecanismos de agresión, compensación y resignación, para estar ahí, para tener una ilusión de participar, porque eso es lo que los hace sentirse virtualmente integrados en medio de la exclusión real, por falta de capacidad real de compra.
Dentro de este amplio campo de transformaciones, la escuela no estuvo ajena a ello, los escenarios en los que se producen los procesos de enseñanza y aprendizaje se han modificado, tanto en sus condiciones objetivas, materiales y concretas,(…)”[1] Las condiciones de vida actuales han hecho que las instituciones educativas queden oscurecidas, descalificadas, ya no constituyen un segundo hogar, puesto que las nuevas condiciones sociales están representadas por un fenómeno particular, el de los medios masivos de comunicación, entre los cuales tienen particular incidencia la televisión y la red de Internet.
Es en este sentido en que habla Guillermo Jaim Etcheverry en “La Tragedia Educativa” cuando afirma que existen señales que demuestran que la sociedad contemporánea está en contra del conocimiento. Condición que surge de la confluencia de una serie de acontecimientos, entre los que la expansión de los medios de comunicación, posee un lugar destacado.
La educación –dice Etcheverry- ya no constituye una meta en si misma. Las tendencias que la modelan apuntan a una enseñanza que privilegia lo “útil”. Esto es, nada menos, que la dimensión inmediatamente redituable e instrumental de lo aprendido.
Actualmente, en las escuelas es posible encontrar jóvenes que pertenecen a distintas tribus, lo cual se evidencia generalmente en sus apariencias. No obstante, como las instituciones poseen un reglamento con normas a cumplir, por parte de todos sus miembros, habitualmente los alumnos no pueden concurrir con elementos extravagantes, tales como piercings, cadenas, entre otros.
Asimismo, una de las tendencias actuales en las tribus, es el choque entre ellas, ya sea por no compartir ideas o gustos iguales, por la discriminación del otro grupo, burlas, etc.
Es por ello que para conocer como “funcionan” estas tribus en las escuelas, se realizó una encuesta a adolescentes entre 12 y 17 años, para que ellos mismos comenten acerca de sus vivencias, si pertenecen a algún grupo o conocen a otros chicos que lo hacen.
Se tomó una muestra en un colegio secundario, de 19 alumnos. De ellos se desprende la siguiente información:
-La mayoría de ellos manifestó que conocen qué son las tribus urbanas y que pertenecen, en su mayoría, a alguna de ellas. Sin embargo, el 68% reveló que no le interesan las tribus, demostrando aquí una contradicción, respecto a las preguntas anteriores. Otra de las preguntas se refería al por qué pertenecían a una tribu y se obtuvieron respuestas diversas: del total de los encuestados, un 26 % respondió que elegía un grupo por el look que la misma propone, un 21% quiere ser parte de la moda, mientras que el resto, en una proporción considerable, no contestó o señaló que lo hacía por otras causas.
-Con respecto a los últimos dos interrogantes, estuvieron dirigidos a las actitudes adoptadas por las tribus, dentro del ámbito escolar. En estos casos, los encuestados declararon que estos nuevos grupos son tranquilos y (la mayoría) que no sobresalen por sus acciones, es decir, son pacíficos; mientras que un 31% revela que si se manifiestan es por el hecho de “hacerse notar”, sobresalir de lo que podría denominarse el común de los alumnos. Finalmente, con respecto a la relación entre las tribus en las instituciones educativas, el 74% expresó que no tienen problemas entre ellas, aunque es de destacarse que el 26% respondió que sí se producen choques.
A partir de estos datos obtenidos, nos es posible concluir que estos alumnos secundarios dicen conocer lo que es una tribu urbana, ya sea porque pertenecen a una de ellas o debido a que sus compañeros lo hacen. Sin embargo, cuando se les pregunta qué piensan de ellas la mayoría manifiesta que no les interesan esos grupos, al igual que los integran sólo por ser parte de la nueva moda o por el look que tienen. Esto nos lleva a inferir la superficialidad que estos adolescentes manifiestan, es decir, ser parte de algún grupo “distinto” aunque sin conocer por qué lo hacen o qué representan. El ideal, entonces, sería, sobresalir, distinguirse, y ello lo consiguen mediante esta nueva moda.
No obstante, en lo que respecta a sus comportamientos en los colegios, se muestran tranquilos, sin problemas ni choques violentos. Si tienen alguna conducta “diferente” es por el solo hecho de que el resto los distinga, o por querer llamar la atención.
Por otra parte, uno de los interrogantes estuvo referido a la clase de música que cada tribu escucha y con la cual se identifica, este aspecto nos permitió reforzar las ideas que ya poseíamos, respecto a sus gustos. Se han logrado los siguientes resultados:
ª Emos: reggetón
ª Flogguers: marchas y otros
ª Dark: latinos
ª Cumbieros: cumbias
ª Punk: rock
ª Góticos: rock y temas del recuerdo
ª Hippies: pop
Estos datos nos permiten conocer un poco más sobre la actualidad de las tribus y algunos de los aspectos que las caracterizan. Además de reflejarnos las condiciones de la nueva sociedad donde los grupos de adolescentes se integran buscando su identidad. Pero una identidad que –explícitamente al menos- ya no pasa como en los 60’ por el cambio o la revuelta social…
Luego de esto, es evidente que no hace falta viajar en el tiempo para poder hablar de las diferentes tribus que conforman una sociedad. Sólo basta con prestar atención y observar en los bares, en la puerta de los colegios o en las plazas a los distintos grupos de adolescentes. Si bien, la mayoría de estos grupos derivan de las tribus modernas, el presente cultural posmoderno, ha impuesto en ellas otros rasgos distintivos.
[1] BOGGINO, Norberto. (2005). “Convivir, aprender y enseñar en el aula”. Santa Fe, Argentina. Homo Sapiens.
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LOS DARK

Tuvo sus inicios en Francia en 1860 con un movimiento social encabezado por obreros y estudiantes. Se maquillaron la cara de blanco y se vistieron de negro para simbolizar la opresión que, según ellos mismos, "los tenía muertos en vida". Sin embargo, el dark como movimiento contracultural nació a principios de los 80´s y se consolidó a mediados de esa misma década en el siglo XX.
Después de la caída de los punks y el escándalo masivo de repudio a la sociedad vino una época de calma, en la que se busca un significado de la vida: un "sí hay futuro", pero que nos propone la oscuridad como una manera de autoconocimiento.
Así comenzó un movimiento que empezó a ser llamado dark o punk-gótico, ya que traían algo de la filosofía punk, pero obscura y sin violencia.
Ahora vestían de negro y blanco para decir que eran puros del alma y que la muerte los espera a cada momento, se maquillaban la cara, los ojos, los labios y las uñas de blanco para decir "vean esto: la sociedad nos ha matado".
El movimiento dark proliferó junto con su música por todo el mundo y se afianzó sobre todo en Inglaterra y Estados Unidos. A cada país que llegaba el movimiento dark adquiría su nacionalidad. Así, cuando llegó a México se lo identificó con antiguas culturas mexicanas que rendían culto a la muerte.
El dark refleja esa soledad que tiene la gente a pesar de estar rodeada por las demás personas.
"La sociedad reprime la expresión de sentimientos, a menos que sea con fondos comerciales, así que el dark refleja esa indiferencia a la vida y a los sentimientos, a la belleza, a lo efímero, a lo etéreo, a lo mágico, a lo humano; esa indiferencia que se convierte en armagedon interno de emociones y sentimientos, en un éxtasis emocional propio."[1]
El hecho de vestirse de negro, de maquillarse y tener muchas perforaciones o tatuajes es por estética: por mostrar algo que les gusta y que los hace ver bien, cuando en nuestra sociedad los modelos de belleza son producto de la televisión y no del gusto personal. En todo caso cada vestimenta, tipo de maquillaje, perforación, tatuaje, etcétera, sólo tiene un significado personal.
El dark es uno de los movimientos contraculturales que más relación tiene con las bellas artes, ya que se puede encontrar en la literatura, el teatro, la fotografía y la música. En cuanto a la literatura se menciona que todos los filósofos del existencialismo tenían tendencias dark, en sus explicaciones acerca de la existencia y sus manifestaciones emocionales.
"Si pudiera dejar de pensar, aunque me quede, aunque me acurruque en silencio en un rincón, no me olvidaré. Estaré allí, pesaré sobre el piso. Soy, soy, existo, pienso luego existo; soy porque pienso. ¿Por qué pienso? No quiero pensar, soy por que pienso que no quiero ser, pienso que… ¿por qué?"[2]
[1] Francisco Palma
[2] Jean Paul Sartre, “La Nausea”
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El surgimiento de las Subculturas:
La idea de la modernidad asimilada a la aldea global, del predominio de una sola cultura, en el fondo de una cultura hegemónica, encuentra su respuesta en la aparición de microculturas o microsociedades que empiezan a emerger en las grandes ciudades, alterando el mapa. En el fondo, lo que se intentaba destruir (la variedad cultural) acaba reconstruyéndose o recreándose en nuevas formas de culturas urbanas, en algunos casos contestatarias a la cultura dominante. Estas microculturas, se constituyeron como “tribus urbanas”.
El surgimiento de estas culturas juveniles según autores como Robert Park, se produjo porque la ciudad facilitó la producción de comportamientos desviados, debido al ambiente de libertad y soledad de las grandes urbes, en contraposición a las comunidades rurales donde este tipo de comportamiento no era aceptado y se reprimía. Por lo tanto, la ciudad era el terreno favorable para que se difundiera éste tipo de conductas, mediante un mecanismo de “contagio social” que generaba “regiones morales” donde prevalecían normas y criterios “desviados”.
Desde otra perspectiva, Michel Maffesoli (1988), quien es el primer sociólogo que diagnostica el proceso de neotribalización en las sociedades de masa, va a plantear que el eje fundamental de estas nuevas agrupaciones gravita sobre una contradicción básica y característica de la sociedad moderna: auge de la masificación versus proliferación de micro grupos. Por un lado, la masa carecería de una identidad potente y transparente, como era el caso del proletariado del siglo XIX. Mientras que por el otro, la noción y el fenómeno de las Tribus Urbanas constituyen una respuesta al proceso de “desindividualización”, cuya lógica consiste en fortalecer el rol de cada persona al interior de la agrupación. Asimismo, los valores específicos de estos grupos están asociados:
· Autoafirmación de la subjetividad en y con el grupo.
· Apropiación y defensa de la territorialidad, de la ciudad como espacio simbólico donde se construye identidad.
· Predominio de las experiencias estético/sensibles, lo sensorial (lo corporal, lo táctil, lo visual, la imagen, lo auditivo, etc.).
Ahora bien, desde una impronta Postestructuralista puede visualizarse a las Tribus Urbanas a partir de la constitución hegemónica de un saber metropolitano occidental, que se instala como verdad en el cuerpo social, legitimando la existencia de la segregación/exclusión y el control sobre el “saber tribal” y los “cuerpos tribales”. A este respecto Michel Foucault señala que cada sociedad tiene su régimen de verdad, su “política general de la verdad”: es decir, los tipos de discursos que ella acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar unos y otros; las técnicas y los procedimientos que son valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de aquellos encargados de decir qué es lo que funciona como verdadero.” [1]
En este sentido, Foucault privilegia por sobre el saber científico (jerarquizante, totalizante, instrumental y formalista) el saber genealógico (circulante, específico, autónomo, sin pretensiones de verdad absoluta y animo hegemónico sobre otros saberes).
Dicho esto, el saber genealógico aparece en este contexto como un saber local, regional y discontinuo, llamamos genealogía al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales. Es decir, lo que se está poniendo en juego -desde este enfoque- son precisamente los saberes corrientemente descalificados desde la jerarquía científica por carecer de una instancia teórica unitaria o de métodos de verificación que legitimen la producción y circulación de su discurso.
Por estas razones es que Foucault habla de la necesidad de recuperar los “Saberes Sometidos” es decir, los saberes de la gente -saberes locales de la gente-, saberes que contienen y guardan la memoria comunitaria, la memoria de los enfrentamientos, de los conflictos, de las resistencias, de las heridas, de la auto-afirmación de la diferencia, etc.
Pero el saber genealógico también supone un saber erudito, meticuloso, histórico, que no tiene por objeto buscar el origen de lo que somos, sino más bien la emergencia de las discontinuidades, las singularidades, las especificidades, los sucesos únicos que expresan una relación de fuerzas que se invierte.
Para Foucault (1987) el poder se ejerce mediante la producción de discursos que se autoconstituyen en verdades irrefutables. La verdad se traduce en ley gracias al poder, pero el poder se reproduce debido a que existe un saber que se erige socialmente como verdad. No obstante este último hecho, no es concebible el ejercicio del poder sin la práctica de una resistencia a ese mismo ejercicio. Vale decir, en la compleja red de poder siempre encontramos una multiplicidad de puntos de resistencia al poder. No existiría una contradicción fundamental o un gran eje donde se exprese de modo irreducible la contradicción. El poder no se encontraría alojado en un ámbito específico, sino que se encuentra ramificado por todo el tejido social. Del mismo modo, los focos de resistencia también se encuentran diversificados y diseminados por todo el cuerpo social. Donde quiera que exista un micropoder instalado socialmente habrá una operación de resistencia a las prácticas de dicho poder.
Así, aparece lo urbano como el espacio paradigmáticamente moderno de producción y reconstrucción de identidades cotidianamente significadas -de constitución de lo simbólico- y que nos remite invariablemente a un registro circunscrito en la dimensión del poder. Vale decir, a un ámbito donde las identidades -en tanto sustratos dinámicos y provisorios de sentido- se ven ante a la necesidad de (re)pensarse/ (re)presentarse incesantemente frente a otras lenguas –saberes- que luchan/compiten por establecer sus propias bases de producción de su actualidad.La praxis de estas Tribus Urbanas no sólo expresa el contenido de los “saberes sometidos”, sino que además constituye el resultado de una operación estratégica más consistente que está dando cuenta de formas de resistencia a la economía de los poderes socialmente legitimados. En otras palabras, agenciamientos, transformaciones del flujo, donde se expresa una política de la experimentación y de producción de la vida. El contenido discursivo presente en estas resistencias es lo que abre la posibilidad de sacarle rendimiento a las “socialidades” emergentes o a las producciones contra-hegemónicas que se desplazan en el campo juvenil actual, donde las dinámicas afectivo/comunicativas generan una explosión de los códigos canónicos del saber/poder a través de manifestaciones como la música o los graffiti. Todo ello con el propósito de que se vayan conformando y fortaleciendo aparatos representacionales críticos a partir del rescate de los léxicos y los discursos juveniles contingentes.
El surgimiento de estas culturas juveniles según autores como Robert Park, se produjo porque la ciudad facilitó la producción de comportamientos desviados, debido al ambiente de libertad y soledad de las grandes urbes, en contraposición a las comunidades rurales donde este tipo de comportamiento no era aceptado y se reprimía. Por lo tanto, la ciudad era el terreno favorable para que se difundiera éste tipo de conductas, mediante un mecanismo de “contagio social” que generaba “regiones morales” donde prevalecían normas y criterios “desviados”.
Desde otra perspectiva, Michel Maffesoli (1988), quien es el primer sociólogo que diagnostica el proceso de neotribalización en las sociedades de masa, va a plantear que el eje fundamental de estas nuevas agrupaciones gravita sobre una contradicción básica y característica de la sociedad moderna: auge de la masificación versus proliferación de micro grupos. Por un lado, la masa carecería de una identidad potente y transparente, como era el caso del proletariado del siglo XIX. Mientras que por el otro, la noción y el fenómeno de las Tribus Urbanas constituyen una respuesta al proceso de “desindividualización”, cuya lógica consiste en fortalecer el rol de cada persona al interior de la agrupación. Asimismo, los valores específicos de estos grupos están asociados:
· Autoafirmación de la subjetividad en y con el grupo.
· Apropiación y defensa de la territorialidad, de la ciudad como espacio simbólico donde se construye identidad.
· Predominio de las experiencias estético/sensibles, lo sensorial (lo corporal, lo táctil, lo visual, la imagen, lo auditivo, etc.).
Ahora bien, desde una impronta Postestructuralista puede visualizarse a las Tribus Urbanas a partir de la constitución hegemónica de un saber metropolitano occidental, que se instala como verdad en el cuerpo social, legitimando la existencia de la segregación/exclusión y el control sobre el “saber tribal” y los “cuerpos tribales”. A este respecto Michel Foucault señala que cada sociedad tiene su régimen de verdad, su “política general de la verdad”: es decir, los tipos de discursos que ella acoge y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos y las instancias que permiten distinguir los enunciados verdaderos o falsos, la manera de sancionar unos y otros; las técnicas y los procedimientos que son valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de aquellos encargados de decir qué es lo que funciona como verdadero.” [1]
En este sentido, Foucault privilegia por sobre el saber científico (jerarquizante, totalizante, instrumental y formalista) el saber genealógico (circulante, específico, autónomo, sin pretensiones de verdad absoluta y animo hegemónico sobre otros saberes).
Dicho esto, el saber genealógico aparece en este contexto como un saber local, regional y discontinuo, llamamos genealogía al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales. Es decir, lo que se está poniendo en juego -desde este enfoque- son precisamente los saberes corrientemente descalificados desde la jerarquía científica por carecer de una instancia teórica unitaria o de métodos de verificación que legitimen la producción y circulación de su discurso.
Por estas razones es que Foucault habla de la necesidad de recuperar los “Saberes Sometidos” es decir, los saberes de la gente -saberes locales de la gente-, saberes que contienen y guardan la memoria comunitaria, la memoria de los enfrentamientos, de los conflictos, de las resistencias, de las heridas, de la auto-afirmación de la diferencia, etc.
Pero el saber genealógico también supone un saber erudito, meticuloso, histórico, que no tiene por objeto buscar el origen de lo que somos, sino más bien la emergencia de las discontinuidades, las singularidades, las especificidades, los sucesos únicos que expresan una relación de fuerzas que se invierte.
Para Foucault (1987) el poder se ejerce mediante la producción de discursos que se autoconstituyen en verdades irrefutables. La verdad se traduce en ley gracias al poder, pero el poder se reproduce debido a que existe un saber que se erige socialmente como verdad. No obstante este último hecho, no es concebible el ejercicio del poder sin la práctica de una resistencia a ese mismo ejercicio. Vale decir, en la compleja red de poder siempre encontramos una multiplicidad de puntos de resistencia al poder. No existiría una contradicción fundamental o un gran eje donde se exprese de modo irreducible la contradicción. El poder no se encontraría alojado en un ámbito específico, sino que se encuentra ramificado por todo el tejido social. Del mismo modo, los focos de resistencia también se encuentran diversificados y diseminados por todo el cuerpo social. Donde quiera que exista un micropoder instalado socialmente habrá una operación de resistencia a las prácticas de dicho poder.
Así, aparece lo urbano como el espacio paradigmáticamente moderno de producción y reconstrucción de identidades cotidianamente significadas -de constitución de lo simbólico- y que nos remite invariablemente a un registro circunscrito en la dimensión del poder. Vale decir, a un ámbito donde las identidades -en tanto sustratos dinámicos y provisorios de sentido- se ven ante a la necesidad de (re)pensarse/ (re)presentarse incesantemente frente a otras lenguas –saberes- que luchan/compiten por establecer sus propias bases de producción de su actualidad.La praxis de estas Tribus Urbanas no sólo expresa el contenido de los “saberes sometidos”, sino que además constituye el resultado de una operación estratégica más consistente que está dando cuenta de formas de resistencia a la economía de los poderes socialmente legitimados. En otras palabras, agenciamientos, transformaciones del flujo, donde se expresa una política de la experimentación y de producción de la vida. El contenido discursivo presente en estas resistencias es lo que abre la posibilidad de sacarle rendimiento a las “socialidades” emergentes o a las producciones contra-hegemónicas que se desplazan en el campo juvenil actual, donde las dinámicas afectivo/comunicativas generan una explosión de los códigos canónicos del saber/poder a través de manifestaciones como la música o los graffiti. Todo ello con el propósito de que se vayan conformando y fortaleciendo aparatos representacionales críticos a partir del rescate de los léxicos y los discursos juveniles contingentes.
[1] Foucault, M. Microfísica del poder. La Piqueta, Madrid, 1992.
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Informe realizado por los alumnos del INTVA
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